La muerte del erotismo.

Si tengo que ser sincera, y a riesgo de ser impopular, una de las cosas que más me ha chocado del swinger es darme cuenta de que debo esforzarme para encontrar el tipo de sexo que me gusta y no morir en el intento. Me explico.

Recuerdo haberme quedado muy impactada un día, en que entramos a una habitación con una pareja, y cuando miro veo a un costado a la chica desvistiéndose sola y al tipo, con su miembro en su mano, esperando, tranquilamente, a que ella esté lista y "se ponga", que fue, de hecho, lo único que sucedió. Cero contacto físico previo. Por supuesto, podría ser algún kink, algún acuerdo D/s o similar, no obstante, no era lo que parecía. Y me dejó pensando.

Para mí, la sensualidad es fundamental. Sensualidad, de sentir, y perdón la redundancia, con los sentidos. Experimentar el coqueteo, la química crecer. Desvestirse mutuamente, mirar, sentir la piel, los besos, las caricias, los sabores, los sonidos y como van incrementándose paulatinamente junto con el placer. En resumen, sentir al otro, su cuerpo, su deseo y su disfrute. No obstante, a veces pareciera que esa experiencia sexual que para mí es tan natural, ha sido totalmente reemplazada por la película porno, por lo inmediato, lo explícito.

Esa experiencia, por supuesto, no es lo único que me lleva a esa conclusión. Sigo a pocas personas swinger en mis redes sociales, y eso responde a algo similar: las personas que he conocido en el mundo swinger virtual son como esa pareja en la habitación: buscan y ofrecen el sexo directamente, ya sea fotos, videos, sexting, videollamadas, todo rápido y casi mecánico, con la misma indiferencia que si estuvieran comprando o vendiendo un kilo de huachalomo en el supermercado. Sin ir más lejos, me han mandado textos en los que lo único que dice es: "Soy tercero dotado".

Claramente, no soy una mojigata. No es que yo les vaya a decir: "tengan sólo sexo con amor", por favor, soy una mujer swinger, estoy totalmente a favor del sexo casual. Tampoco estoy en contra del porno, del comercio sexual, ni del contenido sexual independiente, de hecho tengo mis propias cuentas donde guardo y vendo cuando se da la ocasión, mis fotos subidas de tono. Y ahí está la otra razón por la que he llegado a pensar que el porno ha matado al erotismo. Cuando me preguntan si hago contenido y contesto que sí, que hago contenido erótico, suelen hacer un silencio antes de preguntar: "¿Pero tienes sexo swinger explícito?". 


Pareciera que hasta la palabra "erótico" desapareció
del vocabulario, porque no la entienden.


Antes de que me critiquen por kink shaming, dejo claro que no es eso. Porque tener un kink requiere un nivel de consciencia que implica obedecer protocolos, consentimiento y respeto. Y tampoco tiene que ver con el "sexo por deporte" o el "rapidín", que también es super respetable y puede ser excitante y erótico en muchas dimensiones: te puede provocar adrenalina que te descubran, verte a ti mismo o misma en una situación de sexo desenfrenado sin mirar a quién, o la idea de ser un objeto dispuesto para el placer de otros, o sólo la aventura de estar presente en una orgía. El mismo ambiente, en una discoteca, un club swinger, un night club o un motel, puede ser estimulante sensorialmente o psicológicamente y eso completa la experiencia. 

Yo me refiero más bien a una visión deformada y poco sana de la interacción sexual, la mentalidad del sexo mecánico, desprendido de toda sensualidad y erotismo, desensibilizado al punto en que necesitas que cada vez la cosa sea más y más "explícita" para que te provoque algo. Son personas a las que hacer una previa de caricias y besos les parece "pérdida de tiempo", ni hablar de aspirar a que haya experimentación y exploración de los cuerpos... Ese sexo que es más masturbación que sexo, en verdad, y que tristemente, es más común de lo que quisiéramos, especialmente entre los hombres, incluso en la monogamia. 

Ese sexo que, en la mayoría de los casos, además, es mal sexo para nosotras. Y yo, como mujer swinger que soy, mal sexo ¡jamás! 

Y es que, el erotismo aporta ese factor que intensifica la experiencia y no permite que el sexo se vuelva algo automático. Es lo que diferencia una experiencia sexual con otra(s) persona(s), de buscar un agujero o un pene con el que masturbarse y acabar. Es lo que permite que disfrutemos de cada experiencia como única y permitamos a otros también disfrutarla con nosotros; solo eso ya se siente diferente. Basta con que haya humanidad, una mínima consciencia de que estás compartiendo con otra persona y no con un dildo o una muñeca inflable. 

Y quizá sea porque soy demiexual, pero yo seguiré dando la guerra a favor de lo erótico aunque seamos pocos, porque sé, que los pocos que somos, cuando nos encontramos, somos fuego puro.













Comentarios

  1. Que necesario que es poner este tema en conversación, puesto que muchas veces las partes se ensimisman y se convierte en un goce personalista, válido, pero mal aprovechando la instancia, considerando todo lo que puede ocurrir en la conexión con el/los otro/s. Saludos.

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